La pulga de acero, de Nikolái Leskov

Lunes, 18 Agosto   

Nikolái Semionovich Leskov (Gorojovo, Rusia Central, 1931-San Petersburgo, 1895) se quedó huérfano a los dieciséis años y terminó de escritor por accidente, ya que no tuvo una formación académica por más que aprendiera polaco y ucraniano.

Fue tan fácil (o difícil) como que alguien se diera cuenta de su valía como narrador a través de unas cartas privadas y decidiera publicarlas en periódicos. A partir de aquí, Leskov sentó cátedra y se convirtió en un autor tan denostado por una parte de sus contemporáneos (la mayoría) como bien considerado por otros (Chéjov y Tolstói), y especialmente por escritores posteriores como Walter Benjamin.
Y es que no sólo nadie es profeta en su tierra sino que, muchas veces, ni siquiera lo es en su tiempo.

El argumento de la obra, divertidísima, gira alrededor de una pulga de acero que diseñan ingenieros británicos para estupor del zar Alejandro. Al bicho minúsculo, para que mueva las patas y las antenas, se le da cuerda con una llave igual de diminuta.

La gracia de la narración reside, en parte, en el ritmo y la comicidad que Leskov le imprime. Además, el aire de cuento de hadas que desprende la vuelve ideal para niños y jóvenes, convirtiendo a Leskov en un punto de partida adecuado antes de saltar al surrealismo de Gógol o al drama de Dostoievski.


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